A todos si nos va la “Olla” más de una vez. Es normal. Aunque a ellos, por el servicio que deben cumplir, es necesario recordárselo cuando se difumina el sentido común que debe presidir todas sus actuaciones. Esto viene a cuento de los cambios que, en materia de emergencias, están introduciendo algunas autonomías al hacerse cargo de las competencias que adquieren.
Me resulta difícil comprender que los políticos de turno no sean conscientes de que la Guardia Civil dispone de grupos de rescate en montaña –gente joven, entusiasta y bien preparada- que conoce su territorio y realizan rescates con éxito probado, y que no potencien esa labor y se dediquen a crear nuevas infraestructuras.
En marzo de 2005, tuve un “encuentro” en esa fina línea que separa la vida de la muerte. Escalando, con mi viejo compañero Gabriel Martín, la cascada del Cervuna, en Galayos, cometí un error y volé 79 metros –limpiamente y con sólo dos contactos en salientes de hielo- hasta estrellarme contra el suelo. Vamos, un salto BASE sin paracaídas. Por alguna razón que desconozco, sobreviví. El resultado: dos vértebras lumbares fracturadas, otras tres dorsales acuñadas y una línea de fractura craneal, con su scalp correspondiente, desde la ceja hasta la coronilla.
Lo duro no fue la visita la Hospital de Parapléjicos de Toledo, ni los dos meses de escayola completa, ni los 58 puntos de sutura en la cabeza… ni siquiera los meses de rehabilitación. Lo duro fue el rescate.
Gabi bajo a dar aviso. Los Guardias Civiles del EREIM de Arenas de San Pedro, Manuel González, Pedro Carvajal y Alberto Manuel Montero, fueron los primeros en llegar junto con otra patrulla del GREIM de Barco de Ávila, que se incorporó cuando los primeros reclamaron más ayuda dado lo abrupto del terreno, compuesta por dos guardias, Fernando Rivero y Luis Cárceres. Los amigos –benditos amigos- Ángel Rituerto, Julio Blázquez, Pedro Rodríguez, Fernando Pinar, Juan Prieto, Javier Perandones y José María Mancebo se unieron también al rescate. Gracias a todos ellos sigo vivo.
El rescate fuer duro, difícil, comprometido y largo. El accidente ocurrió sobre las 12 del mediodía y no me colocaron en la ambulancia hasta las 6 de la mañana. Quiero decir con esto que el nivel de preparación de estos Guardias Civiles es muy alto –descenso en camilla, descuelgues por cascadas de hielo, fraccionamientos de cuerda en ala canal, comprobación de lesiones para adaptar el ritmo del descenso, etcétera-. Sin olvidar uno de los puntos más importantes: el conocimiento de la zona. Ésta son las claves.
La cascada del Cervunal se encuentra al final de un abrupto y claustrofóbico callejón, taponado por bloques y al que sólo se accede por un par de sitios. Sin conocimiento del terreno y de noche, no me hubiesen encontrado hasta el amanecer. Y entonces, quizás hubiese sido demasiado tarde.
No quieran los dioses que os ocurra algo parecido, pero si tiene que ser y es en Credos, os deseo que sigan vigentes los grupos de rescate de la Guardia Civil. Si de algo sirve la voz, alzadla para que lleguen a los responsables políticos.
Carlos Gallego.
Sartajada (Toledo)